N° 099 - Turismo - El Barrio de Pichincha Alberto Tridone


La ciudad de Rosario, enriquecida a comienzos del siglo pasado por el intenso empuje de su puerto comercial y del contrabando que ingresaba desde el norte hacia Buenos Aires, albergó un submundo delictivo (juego clandestino, prostitución, crimen organizado) que le hicieron merecer el sobrenombre de la “Chicago Argentina”. Las nueve manzanas que componen este barrio fueron el centro de una tenebrosa historia ocultada durante años como tabú por la doble moral social y religiosa.

La mafia que lo organizó como un imperio prostibulario no escatimó esfuerzos al instalar lujosas casas de tolerancia, una al lado de otra, que en épocas de mayor esplendor reclutó a más de dos mil mujeres de diferentes nacionalidades. También construyó una infraestructura de apoyo compuesta por una comisaría, una sinagoga y un dispensario, el famoso Teatro Casino, y otras destinadas al entretenimiento, garitos, bares, bodegones y parrillas donde se ofrecían espectáculos musicales que, en alguna oportunidad, llegaron a contar con la presencia de Carlos Gardel y de Enrico Caruso.

Algunos de los prostíbulos más conocidos fueron el Chantecler, el Moulín Rouge, el Armenonville y el Petit Trianón. Pero ninguno de ellos alcanzó la fama de la mítica casa de Madame Safó. En su patio central había una fuente de agua perfumada y una calesita donde desfilaban sus treinta mujeres, en un ambiente de estilo mudéjar con pinturas alegóricas.

El personaje principal de este submundo era la “pupila”, apodo que recibía por vivir internada en el establecimiento. Numerosas organizaciones internacionales pusieron su atención en esas infortunadas mujeres, publicando informes sobre sus condiciones de vida y de trabajo, y mandando inspectores para la supresión de la trata de blancas.

La Sociedad Israelita de Socorros Mutuos, que en 1929 pasó a llamarse Sociedad de Socorros Mutuos y Cementerio Zwi Migdal, operaba con familias judías de Polonia, a las que convencía sobre la conveniencia de casar a sus hijas con inmigrantes radicados en Argentina. Eran virtualmente compradas y trasladadas en grupos de diez o doce por barco. Desembarcaban en Montevideo, y luego por Paysandú pasaban a Colón, y de allí a Buenos Aires donde las remataban en libras esterlinas. Después del proceso de ablandamiento, eran transferidas hacia las “casas de tolerancia” de acuerdo con las necesidades de la organización. Las que manifestaban resistencia eran enviadas a un burdel especial para castigadas en Tres Arroyos.

En la industria prostibularia, las francesas gozaban de un prestigio casi legendario, sobre todo desde 1910, cuando un verdadero ejército de “franchutas” (palabra compuesta de francesa y prostituta) invadió la Argentina. En este caso ya no eran organizaciones sino explotadores que las traían, a veces disfrazadas.

El final de esta historia comenzó exactamente el último día del año 1929. Fue cuando Raquel Liberman, una víctima de la Sociedad Israelita, se presentó ante la justicia formulando una denuncia y entablando querella por corrupción, estafa, extorsión y asociación ilícita contra los dirigentes de la siniestra organización, A pesar de los poderosos recursos que se movieron, el escándalo que provocó la difusión de los hechos en la opinión pública permitió que algunos jueces incorruptibles condenaran a decenas de traficantes. La organización quedó desarticulada y, lo que fue todavía más importante, se preparó el ánimo del ciudadano para la sanción de la ley 12.331, el 30 de diciembre de 1935, que clausuró las casas de tolerancia en todo el país.

Actualmente, el Barrio de Pichincha se transformó en centro cultural. Allí funciona la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario, una veintena de comercios dedicados a la venta de antigüedades y el Mercado La Huella con su feria de artesanos. Se realizan espectáculos callejeros de tango y teatro, títeres, radio abierta y otras formas de expresión de cultura popular.

La foto:
El gran mural alusivo que adorna la pared de un edificio en Güemes y Francia. (Rosario)
El detalle:
El negocio de la prostitución tenía límites que rozaba la política, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, donde cada lenocinio debía contar con la protección de las autoridades.
Para conocer:
La obra del genial artista rosarino Antonio Berni, primer premio al grabado de la Bienal de Venecia en 1962. El creador de Juanito Laguna y Ramona Montiel, eternos protagonistas de su universo estético, falleció el 13 de octubre de 1981 por un huesito de pollo.

 
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