| Historias Mínimas – Eduardo Adrián López | ||||||||||||||||||||||||||
Corrían
los días previos a la invasión estadounidense a Irak. Los
medios de comunicación intentaban dar detalles del inminente ataque.
Una radio se contacta con el director de la sección internacional
del prestigioso diario “El País” de España,
el hombre atiende el teléfono pero su acento no corresponde al
de un hijo de la madre patria, oh sorpresa, su acento es fami-liar...
se trata de un argentino radicado hace unos años en Madrid y que
ahora dirige una sección importante de uno de los diarios más
prestigiosos del habla hispana. La sorpresa (ya no tan sorpresa) sumaba un botón más de muestra acerca del enorme potencial humano y las inteligencias de nuestro país. Algunos de esos talentos vuelcan, afortunadamente, su saber en la patria; otros andan diseminados y contribuyendo al conocimiento universal. Pero hay más historias de talentos argentinos, y que dan cuenta de los recursos humanos del país. A veces aparecen retratadas sintéticamente en los medios de comunicación. Año 2002. Un barco ruso queda atrapado en los hielos antárticos, la vida de la tripulación depende del tiempo que demore en llegar un auxilio. Un modesto buque de la Armada Argentina, con modestos marineros a bordo penetra en el frío glacial y logra el rescate. Mediados del año 2003. Un grupo de científicos de la Universidad de Barcelona revoluciona el mundo científico lanzando una nueva teoría que sostiene, que en la prehistoria del mundo, América fue poblada por migraciones provenientes del sudeste asiático. El líder del equipo de antropólogos y biólogos es Rolando González, un argentino de 29 años egresado de la Universidad de la Patagonia. En el año 2004 la NASA envía a Marte dos pequeños robots que, sobre ruedas exploran, toman fotos y extraen muestras de la superficie marciana. El ingeniero Miguel San Martín, argentino para más datos, está a cargo del guiado y control de las dos criaturas electrónicas: Spirit y Oportunity. Este otro San Martín, conquistador de nuevos horizontes, hizo sus estudios secundarios en Buenos Aires y emigró a Estados Unidos con intenciones de participar de un programa espacial. En el 2005 un pequeño laboratorio de la Universidad de Buenos Aires crea un sistema para producir hidrógeno de uso vehicular a partir de alcohol vegetal, libre de emisión de gases de efecto invernadero. La invención fue vendida por 300.000 euros a la empresa química española Abengoa. La empresa se quedó con la patente y la Universidad de Buenos Aires con la propiedad intelectual. La creación es económica y representa un negocio futuro, cuando los caños de escape de los vehículos emanen vapor de agua. Las historias se repiten, y nos cansaríamos de registrarlas a todas pues son muy frecuentes. Muchos medios de comunicación dan cuenta de estas historias mínimas de argentinos de genio y creatividad. Otras inteligencias permanecen en el anonimato, o colaborando humildemente en algún equipo de investigación, universidad o empresa extranjera. Ya el filósofo español Ortega y Gasset se admiraba de la lucidez argentina, pero terminaba diciendo que faltaba pasar a los hechos, y acuñó la famosa sentencia “argentinos a las cosas”. Tal vez le faltó decir que muchas veces esas inteligencias se disgregaron, se enfrentaron o se diseminaron por el mundo. Quizá hayamos aprendido algunas cosas en tiempos difíciles. Como lo demuestran las historias mínimas narradas, en muchos aspectos estamos “pasando a las cosas”. Falta que se reincorporen cerebros del exterior, que se incluya la inteligencia y las ideas en un proyecto de nación, y que las historias mínimas se potencien para escribir una historia grande. (*) Sociólogo. Graduado en la Univ. de Buenos Aires. |
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